Wednesday, October 10, 2007

un cuento sobre espejos.

Sí, la amaba. Habían pasado años el uno con el otro, aprendieron a aguantarse las mañas, a tolerar sus defectos. Ella un poco más que él, pero de todas maneras la cosa funcionaba. Se entendían. Vida sexual: propia de su edad. Estaban acostumbrados a vivir el uno con el otro y se querían. Sí, se querían bastante.
Pero esa tarde, después de cuarentaiún años de matrimonio, él quiso encontrar la razón de su amor. La esencia. Y la miró fijamente a los ojos, muy serio, intentando descubrir dónde estaba ese brillo. Buscó oro dentro de la gallina. Y del profundo negro de la mirada de su esposa, aparecía de pronto una visión aterradora: el rostro desfigurado de un anciano lo miraba fijamente, con sus dos ojos saltones.

Friday, October 05, 2007

astrolabio.

tu oreja en mi oreja
escucho el mar.

Thursday, January 25, 2007

la historia nunca escrita

hay gente de la que nunca se escribió, personas nunca descritas, relatos y cuentos que se quedaron en el imaginario de algún novelista frustrado por allá lejos y quizá en qué tiempos. es de todas esas historias de las que quiero hablar hoy, pero principalmente de una.
una vez relaté una historia de amor y todo muy bien y "esto nunca ocurrió". bien bonito el cuento, el final -me permito decirlo- me gustó bastante y mi prima me comentó "100% genial" lo cual me dejó más que bien. pero sucede que han habido más historias de amor en mi cabeza y no sólo en mi cabeza, también en mis manos y mis labios, pero ya hablaré de eso. el caso es que todas esas never told stories se van acumulando y a veces, sin un registro escrito, se van olvidando y dan la sensación de nunca haber ocurrido. así se pierde el tiempo y se pierde la historia, y poco a poco se pierden nuestras vidas. una vida más que se pierde y qué más da. pero el caso es que esta no es la vida de uno de mis personajes, de uno de esos múltiples habitantes del feliz pueblo de mi imaginación. no, no, no. esta es mi vida, son mis historias.
nunca escribí tantas historias de amor que no tenían tanto de amor y más de deseo o borrachera, de besos rápidos y preocupados, de lenguas vomitibas y ojos en la oscuridad y esa ternura de juguete de mierda, esas historias que no escribí porque realmente preferí olvidar.
o ese amor de una sola noche que ahora vive aqui adentro, encerrado en su jaulita sin tiempo.
pero hay una historia que vive sólo en mis anotaciones, y nunca como historia, sólo como sentimiento, es una que hablaba de un campo y su olorcito y las micros desconocidas y el viento en el pelo y el sol enrubeciéndonos y el segundo pero primer beso y el teatro y las luces y cuántas noches y cuántos besos nunca relatados. es la historia de la mujer de jengibre, la historia nunca contada.

Tuesday, November 21, 2006

tras la carne y los huesos se esconde el universo

Leía mis cuentos, realidades ficticias que de algún modo habitaban dentro de mi y logré vomitarlas a través del verbo. Leía cuentos ajenos, realidades ajenas, vómitos ajenos. Veía televisión y veía películas, realidades, mundos ajenos.
Fui al cine y vi una realidad ajena y ficticia, luego noté que estaba entrecortada por siluetas negras, por realidades ajenas y un poquito más reales. En el computador, luego, en el diario, en las miradas, en los bares, en las bancas de la plaza, en todas partes me rodean realidades y mundos y universos que funcionan, dinámicos y articulados, a veces se juntan y entrecruzan unos con otros, a veces se unen bajo un mismo techo y forman una realidad colectiva. Cada realidad es un mundo; el mundo está lleno de mundos y cada uno crea el suyo. Cada uno es su propio Dios.
En la calle la gente mira ajena, no se interesan en otros mundos, ya tienen suficiente trabajo con contar sus propias estrellas. Esconden sus galaxias en su carne, a veces hablan y revelan sus hoyos negros, su cosmos infinito, su eternidad disimulada bajo el traje y la corbata.

Mejor cierro la boca, no se me vaya a escapar una estrella fugaz.

Friday, November 03, 2006

por allá, muy lejos.

En aquel tiempo yo no era más que un niño. Mis días transcurrían tranquilos, corría descalzo por el jardín, jugaba con autitos plásticos y atrapaba mariposas. Sobre todo, atrapaba mariposas. Pero no se piense que en la casa del campo habían sólo mariposas, por el contrario, había gran variedad de insectos y animalejos: había saltamontes, cucarachas, conejos, perros, gatos, monstruos de debajo de la cama, polillas, sanjuanes y caracoles. Muchísimos caracoles.

Es que mi tío criaba caracoles, incluso, ocurría que a veces no sólo los criaba y trataba como hijos, sino que también se los comía. Pero los caracoles no se dejaban vencer tan fácilmente, quizás perdían en velocidad pero, si en algo ganaban, era en cantidad. Estaban en todos los rincones, y si mirabas las ventanas desde un ángulo específico y con la luz indicada, podías notar su recorrido pegajoso y entrar en cuenta de que no sólo estaban en los rincones, sino que en todas las paredes, ventanas, puertas, camas, en el jardín, en la cocina, en la terraza... Siempre dejando la evidencia vadosa de su paso lento e imperioso.

Nos mirábamos con un caracol, nuestros ojos salientes se encontraban, estúpidos, intertes. Mi tío hablaba con mi madre en la mesa, más bien, discutían. Mi tío estaba desesperado, pues a casa no llegaba la línea telefónica y hacía dos meses que no llegaban cartas. Luego de palpar su coraza con el índice, lo miré a los ojos y noté cierto dejo de complicidad en su mirada. Hacía tiempo que cada vez que el tío abría la tapa del buzón no hallaba nada. Quizás moho en las esquinas y mugre y suciedad, pero, a sus ojos adultos, si no había nada de su importancia, no había nada. Y, tal como un caracol camina lento, muy lento, pasaban los meses en la casa del campo. No habían noticias de nadie. Se escuchaba pasar al cartero en las mañanas, pero en casa nadie despertaba a las 6 de la madrugada. ¿Para qué? Y en el mediodía, con la misma infantil esperanza de todos los días y con ojos somnolientos, el tío abría la tapa del buzón. Nada.

En la casa se sentía esa paz de entreguerras. Las amapolas, la vainilla, el ocaso y los cojines bordados. La comodidad de la rutina y el olor a lejanía y desolación. Mi madre tejía y mi tío alimentaba a sus caracoles. Yo corría por el jardín y atrapaba mariposas.

Cuento corto: Hace un año que envío cartas a la casa del campo sin recibir respuesta, y recién hoy por la mañana recibí una carta húmeda, pegajosa y mordisqueada por todos lados. Aún no logro entender lo que dice. Ahora me dirijo al campo, espero que aún esté la casa. Los caracoles no comen lata, así que por lo menos estará el buzón. Vacío de cartas y lleno de caracoles.

Sunday, October 08, 2006

los vasos vacíos

miraba los vasos vacíos con cara de pocos amigos. y es que, efectivamente, amigos ya no abundaban . en la mesa había una botella descorchada y a medio tomar, su olor a vinagre inundaba la estancia casi por completo y aquel mequetrefe estaba impregnado de su pestilencia. su nariz roja, como si no hubiesen pruebas suficientes, delataba su evidente borrachera. la misma borrachera de todos los días y de todas las noches. la que lo acompañaba en su soledad y lo abandonaba en una soledad más profunda aún. miraba fijo, meditabundo y perdido, como si nada ocurriese a su alrededor o como si acabase de tirar la toalla en el frívolo combate contra la realidad. no había nada que perder ni nada que ganar. sus días se debatían entre la ebriedad y la resaca. y esta noche volvía a las copas. como todas las noches. como si fuera un ritual para que los dioses vinieran, de una vez por todas, a robarle el último trago, a tomarse el concho miserable de la botella que fue su vida.

Tuesday, October 03, 2006

valga la redundancia.

¿quién eres?

ignacio feuerhake. -responderías.

eso no eres tú. dime, ¿quién eres?

soy un miembro de una familia. soy la mezcla de mis padres. soy un trabajo.

eso tampoco eres tú, dime, ¿quién, realmente, eres?

soy el olor a campo, soy la lluvia, el crujir de un pan con mantequilla una mañana de invierno, soy el té, la playa, algunos dirán el desierto, otros, una citroneta, soy mi casa, mi ropa, mis amigos. soy mi pasado, mi presente y mi porvenir.

eso es lo que te rodea, las cosas con que te identificas, no eres tú. dime, ¿quién eres tú?

- rendido y frente a una respuesta sencilla para evitar la pregunta que ya está comenzando a molestarte, responderías:

soy el número 17.488.024-7

corten.


hagámoslo más sencillo.

despiertas. estás sólo y desnudo en medio de una blancura infinita. no recuerdas nada de lo que alguna vez pudo haber sucedido. ¿quién eres?. soy mi cuerpo y los pequeños recuerdos que a medida que pienso se van almacenando en mi memoria. no, no eres eso, eso siguen siendo las cosas que te identifican.

ahora eres sólo la noción de tu consciencia en medio de la absoluta nada, allí no hay paso del tiempo y por lo tanto no recuerdas ni siquiera lo que acabas de pensar. estás completamente libre de cualquier relación con algo que no sea íntegramente parte de ti. ni siquiera tu cuerpo es una jaula, no hay límites, eres libre.

¿quién eres?

en ese momento eres tú, eres tu esencia en la más absoluta libertad.

o, visto desde otra forma, no eres nada.

es que la diferencia entre nada y todo es tan sutil que a veces no podemos verla.