Thursday, September 21, 2006

el libro libre

recibí un mail el otro día: "primera gran fuga de libros" tenía como título y hablaba de unos mexicanos que todos los 21 de septiembre dejaban un libro en la vía pública (paraderos de micro, casetas de teléfono, transporte público, etc), lo liberaban, para que algun transeúnte despistado y suertudo se lo pillara de imprevisto. y bueno, como a todo jovenzuelo, esta clase de iniciativas me parecen muy interesantes y me les uno apenas me entero de su existencia.
asi fue como hoy me encontré caminando de vuelta a casa, sonaba elliott smith en los audífonos y mi caminar era apresurado, atrás había dejado un libro que nunca leí pero que - justo cuando lo estaba abandonando a su suerte- me estaba pareciendo interesantísimo. en la primera página escribí unas líneas explicando que ese libro no pertenecía a nadie sino que pertenecía a todos, recordándole al lector lo afortunado que era pues había encontrado el tesoro sin siquiera buscarlo y proponiéndole que lo liberara nuevamente luego de leerlo. miré hacie atrás lo más sigilosa y rápidamente que pude: vi a un hombre de barba, alto, hojeando un libro.

Saturday, September 16, 2006

club de cacería

instrucciones para una correcta y prolija lectura de cualquier cuento:

1. obvie y, por lo tanto, no tome en cuenta tildes, comas, puntos, paréntesis, comillas ni cualquier otro símbolo que corresponda a una buena ortografía: las historias van en contra de las reglas ortográficas, como de cualquier otra regla imperativa y arbitraria.

2. no intente enumerar los hechos: los cuentos no tienen orden de ningún tipo; ni lógico ni cronológico.

3. un texto puede ser leído de diversas maneras y órdenes, es más, se pueden leer desde el final hacia el principio, se puede leer con un reglón de por medio y luego, al terminar, leer todos los reglones que fueron saltados la primera vez. es así como el cuento da libertad al lector de concebirlo a su manera: el cuento puede ser leído de cualquier modo en que pueda ser leído (valga la redundancia).



para comenzar a ejercitar la libertad del lector para asumir la ficción del modo que mejor le parezca, pongamos un ejemplo:



Por entre los árboles vio a un bulto moverse sigiloso. Hacía contraluz con el sol estival de aquella tarde de domingo. Era un tipo de ojos grandes y cabellos rubios, llevaba a otro hombre muerto en la espalda. A cada paso que daba sonaba el crujir de una hoja y el palpitante jadeo de su respiración forzosa. Bang.

Hay tres hombres muertos en el bosque; uno de ellos aún se mueve, y de hecho, en este momento está corriendo, raudo, ladera abajo, escopeta en mano.
Todo había ocurrido tal como debía ocurrir.
No había cambiado nada: siempre fueron hombres muertos.

Thursday, September 14, 2006

del papel confort en si mismo

desperté cuando tiré la cadena.

antes había hecho varias cosas más, había abierto la puerta, había entrado al baño, había abierto el cierre de mi pantalón, y bueno, para qué detallar más si todos sabemos lo que había ocurrido antes y lo que iba a ocurrir después: cuando el agua se llevara mi pestilencia para algún lugar desconocido, subiría mi cierre otra vez, me daría media vuelta y movería unas perillas que, por alguna razón inexplicable, provorían el flujo inmediato de agua por un tubo contiguo. luego tomaría el jabón -que siempre está en el mismo lugar- y me lavaría las manos con los mismos movimientos de siempre. todo esto lo haría de una manera automática y perfecta, lo haría sin pensarlo, lo haría durmiendo. a lo que voy cuando digo que desperté es que, cuando moví ese apéndice del inodoro como hace siempre uno cuando termina de salir ese líquido amarillo por aquel agujero, me impresionó que comenzara a salir agua por los bordes del retrete. no sé bien por qué pero fue impresionante la sensación de que todo estaba dispuesto perfectamente para mi confort y como mi cuerpo estaba tan habituado a este orden que lograba hacer uso de él de un modo automático. desperté porque comencé a pensar, antes hacía las cosas no más, no las pensaba.
luego, cuando me lavé las manos, concebí al jabón no sólo como la-cosa-que-me-lava-las-manos sino también como un jabón. porque el jabón es en sí mismo, no sólo es en función de mi. y es por eso que duchamp, cuando sitúa un inodoro en una exposición de arte muestra al inodoro como inodoro, muestra la realidad del inodoro, muestra al inodoro fuera de cualquier contexto, muestra al inodoro sólo, al inodoro mismo. lo otro que comencé a pensar es que nunca supe de adónde habían salido las cosas que estaban allí, y que yo solamente las tomaba en cuenta en la medida en que me sirvieran, no como si fueran también cosas como sí mismas, y es allí donde volvemos al mismo punto anterior y debemos llegar a una conclusión final: iba a poner un aforismo o una frase que resumiera todo lo anteriormente dicho pero me di cuenta de que a veces las cosas no tiene porqué ser sintetizadas y de que también es muy probable que todo haya sido solo rollos huevones míos de los que, por lo tanto, no se puede sacar ninguna conclusión realmente sólida o verdadera. creo que sólo me queda por decir alguna frase metafórica simpática e ilustrativa del tipo de: a veces, entrar al baño te libra de tus desechos biológicos y te llena de desechos intelectuales.