un cuento sobre espejos.
Sí, la amaba. Habían pasado años el uno con el otro, aprendieron a aguantarse las mañas, a tolerar sus defectos. Ella un poco más que él, pero de todas maneras la cosa funcionaba. Se entendían. Vida sexual: propia de su edad. Estaban acostumbrados a vivir el uno con el otro y se querían. Sí, se querían bastante.
Pero esa tarde, después de cuarentaiún años de matrimonio, él quiso encontrar la razón de su amor. La esencia. Y la miró fijamente a los ojos, muy serio, intentando descubrir dónde estaba ese brillo. Buscó oro dentro de la gallina. Y del profundo negro de la mirada de su esposa, aparecía de pronto una visión aterradora: el rostro desfigurado de un anciano lo miraba fijamente, con sus dos ojos saltones.



2 Comments:
Jajaja.. qué buena. Supongo que eso es lo que pasa cuando llevas con una persona toda una vida (y no hablo de 3 ó 4 años, hablo de como eran antes las cosas, cuando los matrimonios duraban literalmente para toda la vida)
Me acordé de un comercial del MTV que dice: 'Lo bueno de ser joven... es no ser viejo'
Lo encuentro estúpido y un poco desagradecido, pero bueno, a veces puede terminar siendo verdad.
brigidoooo
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